En cuanto a la música, Low y sus discos hermanos fueron una derivación directa de la canción que le dio el título a Station to Station. Muchas veces tengo la impresión de que en cualquiera de mis álbumes siempre hay una canción que señala claramente la intención del álbum siguiente. David Bowie, 2001
En mi opinión, Low es básicamente una continuación de Station to Station, que para mí es uno de los mejores discos de todos los tiempos. Brian Eno, 1999
La travesía para llegar a Low comienza con el traqueteo de una locomotora en el inicio de la canción que da título a Station to Station, el álbum anterior de David Bowie que se grabó en Los Ángeles a fines de 1975. El sonido retro del tren a vapor aparece gradualmente y luego recorre todo el espectro auditivo, del canal izquierdo al derecho (en realidad, el álbum se grabó con sonido cuadrafónico, una de esas innovaciones de alta fidelidad de los setenta ya olvidadas, por lo que el tren avanza en círculo por los cuatro altavoces). Bowie había tomado los ruidos del tren de un disco de efectos de sonido para radio y luego los había manipulado en el estudio aplicando ecualización y métodos de desfase no convencionales, lo que generaba esa sensación de distorsión casi irreal que es el emblema de este álbum tan extraño. Esos sonidos de tren anuncian el tema del viaje incesante a modo de metáfora espiritual, también presente en Low y en los siguientes álbumes de lo que Bowie llamó «la trilogía de Berlín» (Low, «Heroes» y Lodger). En cuanto al sonido, Station to Station es un viaje en sí mismo que va del funk de la escena disco de Nueva York a mediados de los años setenta a las pulsaciones del ritmo motorik de las bandas experimentales alemanas como Neu!, Can o Kraftwerk. De hecho, esos efectos de sonido iniciales son en gran medida un homenaje a Autobahn, el álbum de Kraftwerk de 1974 que alcanzó un éxito insólito y que comienza con un auto que acelera y se aleja, un sonido que también cruza del canal izquierdo al derecho. Al igual que Autobahn, Station to Station es una verdadera épica en términos del rock y del pop. Con una duración de más de diez minutos, la primera canción es la más larga que Bowie haya escrito en toda su carrera (por sí sola, la introducción instrumental dura más que la mayoría de las canciones de Low). Al pasar el primer minuto aparece la guitarra de Earl Slick, que al principio imita el silbido de un tren y luego el golpeteo sordo de los motores y las ruedas en la vía. «Con Earl Slick logré algunas cosas realmente extraordinarias», ha dicho Bowie. «Creo que su imaginación se estimulaba más al probar distintos ruidos y texturas en la guitarra que al tocar las notas correctas». Esa búsqueda experimental del sonido por medio de texturas, y no de acordes y melodías, sin dudas está presente, aunque no se haya mantenido tanto en el resto del álbum. De ahí en más, la instrumentación se va desarrollando gradualmente. Una figura metronómica de dos notas de piano da lugar a un golpeteo tímidamente mecánico, al que de inmediato se le opone la sección de ritmos R&B de Dennis Davis (batería), George Murray (bajo) y Carlos Alomar (guitarra). Los licks de guitarra de inspiración funk de Alomar luchan con la guitarra ruidosa de Slick, mientras que el Mellotron suma una línea melódica en contraposición al caos de efectos extraños de sonido industrial. Ya de entrada, antes de que Bowie hubiera emitido una sola nota, se impone una agenda musical. Alomar lo categorizaba como «funky en el bajo, aunque todo lo que está encima era puro rock and roll». Esto resume en parte la esencia: instrumentación funk con una melodía principal de estilo europeo. Bowie afirmaba: «Station to Station en realidad fue la versión en formato rock de lo que luego vendría con Low y “Heroes”. En aquel momento yo escuchaba mucha música electrónica alemana, Can y todo eso, y Kraftwerk me había causado una gran impresión». Eso a lo que Bowie apuntaba con su trabajo era una suerte de hibridación entre el R&B que ya había usado en Young Americans y las texturas y los ritmos de las bandas alemanas kosmische (de quienes tomaría mucho más posteriormente), junto con otros experimentalistas del mundo clásico y del rock. Dicha hibridación es apenas una sugerencia en Station to Station. Pero claramente se está marcando un nuevo territorio, muy diferente de éxitos anteriores como Hunky Dory o Ziggy Stardust, que desde el punto de vista de la música no dejan de ser ejemplares convencionales del rock inglés. Después del extenso ejercicio musical funk/industrial, irrumpe la voz de Bowie y todo empieza a ponerse muy raro. Las primeras seis líneas forman un conjunto desconcertante de alusiones al gnosticismo, la magia negra y la cábala (la tradición mística del judaísmo de origen medieval): «El retorno del delgado duque blanco / lanzando dardos en los ojos de los amantes / El retorno del delgado duque blanco / seguro de que el blanco mancha» («The return of the Thin White Duke / throwing darts in lovers’ eyes / The return of the Thin White Duke / making sure white stains»). Esto es solo para iniciados: la connotación sexual o referida a las drogas de la frase «el blanco mancha» parece obvia, pero al escuchar la canción puede pasar inadvertido el detalle de que esa frase en inglés («white stains», que también puede traducirse como ‘manchas blancas’) es además el título de un oscuro libro de poesía escrito por el ocultista inglés de mala fama Aleister Crowley (1875-1947). La frase «lanzando dardos en los ojos de los amantes» también hace referencia a Crowley y alude a un incidente sin dudas apócrifo que habría tenido lugar en 1918, en el que Crowley supuestamente mató a una joven pareja en un ritual de magia que incluía el lanzamiento de dardos. Una versión distorsionada del famoso verso de La tempestad de Shakespeare («tal es el material con que se tejen los sueños» / «such is the stuff from where dreams are woven») evoca a otro mago, Próspero, un duque que fue desterrado a una isla («en lo alto de mi habitación, contemplando el mar», dice Bowie). Y el «momento mágico de Kéter a Maljut» («magical movement from Kether to Melkuth») sugiere algo más que un interés pasajero en El Árbol de la Vida, un tratado cabalístico escrito por Israel Regardie, un discípulo de Crowley. El Árbol de la Vida es un diagrama místico en el cual Kéter representa la corona y la voluntad divina más elevada, Maljut representa el mundo físico, y el movimiento mágico entre estos dos extremos encarna el mito gnóstico de la caída. En el cuadernillo que acompaña al álbum actual remasterizado puede verse a un Bowie anémico dibujando el Árbol de la Vida en el suelo de un estudio. Pero esto no termina aquí: la canción está llena de alusiones al ocultismo fáciles de rastrear. Las frases como «perdido en mi círculo», «sin destellar color» o «aves del sol para volar con ellas» («lost in my circle», «flashing no colour», «sunbirds to soar with») tienen significados místicos específicos. De acuerdo con Bowie, la canción es casi «una interpretación paso a paso de la cábala, aunque absolutamente nadie se dio cuenta en aquel momento, claro». Esto tal vez es un poco exagerado: desde el punto de vista intelectual, la mezcla de referencias es bastante confusa, aunque funciona muy bien a nivel poético. En 1975, la aproximación a Crowley no era una novedad en el rock. Jimmy Page, el guitarrista de Led Zeppelin, era un seguidor de su doctrina; el extraordinario álbum Tago Mago de la banda Can (1971) también alude a Crowley, y el que tal vez sea el disco más famoso de la historia, Sgt Pepper, incluye a Crowley en su portada. Otras canciones anteriores de Bowie también hacen referencia al ocultismo («Quicksand» es una alusión directa a Crowley, Himmler y la Orden de la Aurora Dorada de la que eran miembros) y en algunos de los álbumes posteriores a Station to Station, incluido Low, hay ciertos vestigios. Pero nunca de una manera tan evidente como en Station to Station. ¿Hay algo que podamos deducir de esto? Algunos críticos, de hecho, han sacado sus conclusiones. Ian McDonald, ya fallecido (cuyo libro Revolution in the Head sigue siendo un hito de la literatura dedicada a The Beatles), describe ostentosamente a Bowie como una figura semejante a la de Próspero, que ejecuta «un exorcismo de su propio ser, de la mente, del pasado… Bowie ascendió por el Árbol de la Vida, ahora quiere volver a la tierra y al amor» y «arrojar al mar su grimorio».
«Low» de David Bowie por Hugo Wilcken
De Kéter a Maljut
En cuanto a la música, Low y sus discos hermanos fueron una derivación directa de la canción que le dio el título a Station to Station.
Muchas veces tengo la impresión de que en cualquiera de mis álbumes siempre hay una canción
que señala claramente la intención del álbum siguiente. David Bowie, 2001
En mi opinión, Low es básicamente una continuación de Station to Station,
que para mí es uno de los mejores discos de todos los tiempos.
Brian Eno, 1999
La travesía para llegar a Low comienza con el traqueteo de una locomotora en el inicio de la canción que da título a Station to Station, el álbum anterior de David Bowie que se grabó en Los Ángeles a fines de 1975. El sonido retro del tren a vapor aparece gradualmente y luego recorre todo el espectro auditivo, del canal izquierdo al derecho (en realidad, el álbum se grabó con sonido cuadrafónico, una de esas innovaciones de alta fidelidad de los setenta ya olvidadas, por lo que el tren avanza en círculo por los cuatro altavoces). Bowie había tomado los ruidos del tren de un disco de efectos de sonido para radio y luego los había manipulado en el estudio aplicando ecualización y métodos de desfase no convencionales, lo que generaba esa sensación de distorsión casi irreal que es el emblema de este álbum tan extraño.
Esos sonidos de tren anuncian el tema del viaje incesante a modo de metáfora espiritual, también presente en Low y en los siguientes álbumes de lo que Bowie llamó «la trilogía de Berlín» (Low, «Heroes» y Lodger). En cuanto al sonido, Station to Station es un viaje en sí mismo que va del funk de la escena disco de Nueva York a mediados de los años setenta a las pulsaciones del ritmo motorik de las bandas experimentales alemanas como Neu!, Can o Kraftwerk. De hecho, esos efectos de sonido iniciales son en gran medida un homenaje a Autobahn, el álbum de Kraftwerk de 1974 que alcanzó un éxito insólito y que comienza con un auto que acelera y se aleja, un sonido que también cruza del canal izquierdo al derecho.
Al igual que Autobahn, Station to Station es una verdadera épica en términos del rock y del pop. Con una duración de más de diez minutos, la primera canción es la más larga que Bowie haya escrito en toda su carrera (por sí sola, la introducción instrumental dura más que la mayoría de las canciones de Low). Al pasar el primer minuto aparece la guitarra de Earl Slick, que al principio imita el silbido de un tren y luego el golpeteo sordo de los motores y las ruedas en la vía. «Con Earl Slick logré algunas cosas realmente extraordinarias», ha dicho Bowie. «Creo que su imaginación se estimulaba más al probar distintos ruidos y texturas en la guitarra que al tocar las notas correctas». Esa búsqueda experimental del sonido por medio de texturas, y no de acordes y melodías, sin dudas está presente, aunque no se haya mantenido tanto en el resto del álbum.
De ahí en más, la instrumentación se va desarrollando gradualmente. Una figura metronómica de dos notas de piano da lugar a un golpeteo tímidamente mecánico, al que de inmediato se le opone la sección de ritmos R&B de Dennis Davis (batería), George Murray (bajo) y Carlos Alomar (guitarra). Los licks de guitarra de inspiración funk de Alomar luchan con la guitarra ruidosa de Slick, mientras que el Mellotron suma una línea melódica en contraposición al caos de efectos extraños de sonido industrial.
Ya de entrada, antes de que Bowie hubiera emitido una sola nota, se impone una agenda musical. Alomar lo categorizaba como «funky en el bajo, aunque todo lo que está encima era puro rock and roll». Esto resume en parte la esencia: instrumentación funk con una melodía principal de estilo europeo. Bowie afirmaba:
«Station to Station en realidad fue la versión en formato rock de lo que luego vendría con Low y “Heroes”. En aquel momento yo escuchaba mucha música electrónica alemana, Can y todo eso, y Kraftwerk me había causado una gran impresión». Eso a lo que Bowie apuntaba con su trabajo era una suerte de hibridación entre el R&B que ya había usado en Young Americans y las texturas y los ritmos de las bandas alemanas kosmische (de quienes tomaría mucho más posteriormente), junto con otros experimentalistas del mundo clásico y del rock. Dicha hibridación es apenas una sugerencia en Station to Station. Pero claramente se está marcando un nuevo territorio, muy diferente de éxitos anteriores como Hunky Dory o Ziggy Stardust, que desde el punto de vista de la música no dejan de ser ejemplares convencionales del rock inglés.
Después del extenso ejercicio musical funk/industrial, irrumpe la voz de Bowie y todo empieza a ponerse muy raro. Las primeras seis líneas forman un conjunto desconcertante de alusiones al gnosticismo, la magia negra y la cábala (la tradición mística del judaísmo de origen medieval): «El retorno del delgado duque blanco / lanzando dardos en los ojos de los amantes / El retorno del delgado duque blanco / seguro de que el blanco mancha» («The return of the Thin White Duke / throwing darts in lovers’ eyes / The return of the Thin White Duke / making sure white stains»). Esto es solo para iniciados: la connotación sexual o referida a las drogas de la frase «el blanco mancha» parece obvia, pero al escuchar la canción puede pasar inadvertido el detalle de que esa frase en inglés («white stains», que también puede traducirse como ‘manchas blancas’) es además el título de un oscuro libro de poesía escrito por el ocultista inglés de mala fama Aleister Crowley (1875-1947). La frase «lanzando dardos en los ojos de los amantes» también hace referencia a Crowley y alude a un incidente sin dudas apócrifo que habría tenido lugar en 1918, en el que Crowley supuestamente mató a una joven pareja en un ritual de magia que incluía el lanzamiento de dardos.
Una versión distorsionada del famoso verso de La tempestad de Shakespeare («tal es el material con que se tejen los sueños» / «such is the stuff from where dreams are woven») evoca a otro mago, Próspero, un duque que fue desterrado a una isla («en lo alto de mi habitación, contemplando el mar», dice Bowie). Y el «momento mágico de Kéter a Maljut» («magical movement from Kether to Melkuth») sugiere algo más que un interés pasajero en El Árbol de la Vida, un tratado cabalístico escrito por Israel Regardie, un discípulo de Crowley. El Árbol de la Vida es un diagrama místico en el cual Kéter representa la corona y la voluntad divina más elevada, Maljut representa el mundo físico, y el movimiento mágico entre estos dos extremos encarna el mito gnóstico de la caída. En el cuadernillo que acompaña al álbum actual remasterizado puede verse a un Bowie anémico dibujando el Árbol de la Vida en el suelo de un estudio.
Pero esto no termina aquí: la canción está llena de alusiones al ocultismo fáciles de rastrear. Las frases como «perdido en mi círculo», «sin destellar color» o «aves del sol para volar con ellas» («lost in my circle», «flashing no colour», «sunbirds to soar with») tienen significados místicos específicos. De acuerdo con Bowie, la canción es casi «una interpretación paso a paso de la cábala, aunque absolutamente nadie se dio cuenta en aquel momento, claro». Esto tal vez es un poco exagerado: desde el punto de vista intelectual, la mezcla de referencias es bastante confusa, aunque funciona muy bien a nivel poético.
En 1975, la aproximación a Crowley no era una novedad en el rock. Jimmy Page, el guitarrista de Led Zeppelin, era un seguidor de su doctrina; el extraordinario álbum Tago Mago de la banda Can (1971) también alude a Crowley, y el que tal vez sea el disco más famoso de la historia, Sgt Pepper, incluye a Crowley en su portada. Otras canciones anteriores de Bowie también hacen referencia al ocultismo («Quicksand» es una alusión directa a Crowley, Himmler y la Orden de la Aurora Dorada de la que eran miembros) y en algunos de los álbumes posteriores a Station to Station, incluido Low, hay ciertos vestigios. Pero nunca de una manera tan evidente como en Station to Station. ¿Hay algo que podamos deducir de esto? Algunos críticos, de hecho, han sacado sus conclusiones. Ian McDonald, ya fallecido (cuyo libro Revolution in the Head sigue siendo un hito de la literatura dedicada a The Beatles), describe ostentosamente a Bowie como una figura semejante a la de Próspero, que ejecuta «un exorcismo de su propio ser, de la mente, del pasado… Bowie ascendió por el Árbol de la Vida, ahora quiere volver a la tierra y al amor» y «arrojar al mar su grimorio».